Reflexión sobre el arte y la transdisciplinariedad
Si
la finalidad o el fin del arte es más que la simple imitación, la tarea es muy
diferente. El arte necesita comprender la riqueza multilateral del contenido de
lo que representa para completar la experiencia natural de su existencia, reconociéndolo
para llenar así de significados y experiencias distintas nuestro estar en el
mundo. Esto queda claro si se supera la idea vulgar de que el arte es una
imitación de la naturaleza y el objetivo principal es apoyarse en la recreación
y multiplicación de objetos para exacerbar la acumulación de seres vivos.
Por
lo tanto, el arte evoca pasión y experimenta una vida indemne dentro de
nosotros, mediante la cual necesitamos desarrollar la receptividad a todos los
fenómenos. Sin embargo, esta emoción no se crea en este campo por la
experiencia real, sino solo por su apariencia. Porque el arte engaña y pone su
producto en el mundo real.
El
arte no solo representa la naturaleza, sino que otra de sus virtudes son los
seres antinaturales, irreales o imposibles, escenas que llenan la voluntad de
más experiencia y escenas que pueden ser fuente de remordimiento, o al menos de
las emociones que provoca.
De
esta manera, el fin del arte surge como un laboratorio de sensaciones, un
dispositivo para que la mente atraviese diferentes sensaciones y emociones que enriquezcan
tanto el exterior como el interior, y cree nuevas situaciones, objetos y
experiencias.
Cómo
dice Georg W. F. Hegel, el arte, entonces, tiene por fin, ya no el representar la forma exterior de las
cosas, sino su principio interno y vivo, en particular las ideas, los
sentimientos, las pasiones y estados del alma.
Lo
que Hegel pretende demostrar es que el fin del arte en si es lo bello y que
esto no es un instrumento o accesorio que puede o no ser incluido en la
producción artística, sino que es la pieza fundamental en él.
En
cambio, para Oteiza el arte tiene un fin, entendiendo
fin en un doble sentido, como conclusión y como finalidad. El arte se consume
en cada periodo histórico cuando logra dar con una respuesta a aquello que
motiva su desarrollo.
El
arte, que es el rasgo más grande de su pensamiento, determina el "propósito"
que le da al arte y realiza las funciones tradicionalmente realizadas. Por eso,
el arte no es una actividad desinteresada, ni puede serlo, depende de las
características específicas del mismo.
Tarde
o temprano su propio desarrollo se ve amenazado cuando las personas no aspiran
al desarrollo natural de lo mejor del ser humano.
Este es uno de los grandes problemas de
nuestro tiempo, un gran desarrollo de los medios económicos, la comunicación,
la tecnología, etc. No hay un significado real para cualquiera que busque
justificarse a sí mismo, gobernando, esclavizando y quedando a merced de los
medios que ha creado en última instancia. Entonces llegamos a la paradoja de
que los humanos servirán a la economía y la política, no a los humanos.
Por
lo tanto, el arte debe expresar algo con un propósito, no solo un medio. Se
puede hablar verdaderamente de arte yendo más allá de la mera necesidad y
conveniencia material y dando a los objetos una cierta belleza con el propósito
de dar satisfacción y mensaje estéticos.
Para un artista la finalidad del arte se
trata, entre otras cosas, a través de obras bien hechas, en el proceso de
transformación y purificación de la interioridad del artista. Es en el proceso
de creación de obras y obras de arte donde encontrará el mayor tesoro, el mayor
recurso, en lugar de la obra final que se dará a conocer al mundo más adelante.
Referencias
Bibliográficas.
RIPALDA,
José María; “Hegel y el fin del arte”, en Archipiélago, Nº 41, Madrid.
Echeverría
Plazaola, Jon, La finalidad del arte, La obra y el pensamiento de Jorge Oteiza:
arte, estética y religión, 2008.
Jiménez,
J. (2002), Teoría del arte, Madrid: Tecnos, Alianza.
Marchan
Fiz, S. (1997). Del arte objetual al arte del concepto, Madrid: Akal.

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